LOS SEÍSMOS
Los movimientos
rápidos y bruscos de las fallas y fracturas en el interior de la corteza
terrestre, se transmiten a grandes distancias del subsuelo como ondas
elásticas, y se manifiestan constantemente en la superficie en forma de
trepidaciones, generalmente imperceptibles pero ocasionalmente perceptibles con
mayor o menor intensidad.
Intensidad de los seísmos
Cuando los
movimientos sísmicos son pequeños e imperceptibles (los denominados microsismos),
solo pueden ser detectados y registrados mediante aparatos muy sensibles
(sismógrafos).
Los
movimientos sísmicos imperceptibles, solo pueden ser detectados y registrados
mediante unos aparatos muy sensibles denominados sismógrafos.
Sin embargo,
cuando las trepidaciones alcanzan determinado nivel de intensidad, se
manifiestan sobre la corteza de forma perceptible como seísmos o terremotos, es
decir, sacudidas bruscas y repetitivas que pueden llegar a causar efectos
catastróficos. Se denominan macrosismos a los seísmos de intensidad
media, suficiente como para causar daños a los enseres y estructurales a las
viviendas; y megasismos a los seísmos de gran intensidad, cuya violencia
es capaz de arruinar las edificaciones de poblaciones enteras y generar
numerosas víctimas.
Tipos de seísmos
Según el origen
de los seísmos éstos se clasifican en tres grandes tipos: volcánicos, tectónicos
y de hundimiento.
A pesar de la
llamativa actividad de los volcanes, su influencia en la generación de
movimientos sísmicos (seísmos volcánicos) es menor. Se producen durante
las grandes erupciones volcánicas y apenas representan el 10% de todos los
seísmos.
Los seísmos volcánicos apenas representan el 10% de todos los tipos de seísmos
En su mayor
parte, los seísmos son de naturaleza tectónica (seísmos tectónicos), y
pueden deberse a causas diversas, como los epirogénicos, que se dan en regiones
tectónicamente estables pero sometidas a movimientos de elevación o descenso; o
los orogénicos, relacionados con los fenómenos de plegamiento y fractura de la
corteza terrestre (pliegues y fallas).
Algunos seísmos,
los llamados locales, tienen un ámbito geográfico muy reducido, y su
origen se debe, generalmente, a vibraciones que se transmiten por hundimientos
en la corteza (seísmos de hundimiento), ejemplo de galerías de minas,
deslizamientos de tierras sobre capas arcillosas, u otros fenómenos como las
disoluciones de estratos yesíferos, que provocan la ruptura y hundimiento de
las cavidades presentes en estos macizos.